En el marco del 8M, recordamos a Anna van Schurman, una de las figuras más excepcionales del siglo XVII. Considerada la mujer más erudita de su tiempo, esta polímata holandesa desafió las normas de género al abogar por la educación femenina, aunque siempre bajo el límite de no interferir con los "deberes domésticos". Sin dudas una de las mujeres más importantes de la historia.
Conocida como la "Estrella de Utrecht", la "Minerva Holandesa" y la "Décima Musa", Anna demostró que las mujeres podían ser intelectualmente iguales a los hombres, en una época en que se las consideraba inferiores.
Una mente prodigiosa desde la infancia
Nacida en Colonia en 1607, en una familia adinerada y culta, Anna mostró una inteligencia excepcional desde niña:
A los 3 años ya sabía leer.
A los 11 dominaba latín (leyendo a Séneca) y hablaba con fluidez alemán, inglés, italiano, español y francés.
También era experta en matemáticas, astronomía y geografía.
Pero su talento no se limitaba a las letras y las ciencias:
A los 6 años creaba intrincados recortes de papel con forma de encaje.
A los 10, dominaba el bordado detallado.
A los 11, esculpió un autorretrato en cera tan realista que una amiga intentó arrancar una de sus joyas pensando que era real.
Más tarde, se especializó en grabado en madera y fue aceptada como miembro honorario del Gremio de Pintores de Utrecht, un logro sin precedentes para una mujer.
La primera mujer universitaria en Holanda
Aunque las universidades prohibían la entrada a mujeres (bajo el argumento de que eran "incapaces" o que "desperdiciarían su educación"), Anna logró asistir a clases en la Universidad de Utrecht tras protestar en un poema en latín. Eso sí, debía sentarse tras una cortina para "no distraer" a los hombres.
Allí estudió Derecho y dominó hebreo, griego, arameo, árabe, siriaco y etíope, lo que le permitió leer textos sagrados en su lengua original.
Su lucha por la educación femenina
Anna escribió una tesis en latín defendiendo el derecho de las mujeres a estudiar, que se difundió por toda Europa. Grandes figuras como René Descartes y Constantijn Huygens la admiraron, y mantuvo correspondencia con las mujeres más ilustradas de su tiempo.
Su giro místico: el Labadismo
En sus últimos años, se unió a los labadistas, una secta religiosa que promovía la igualdad espiritual entre hombres y mujeres. Renunció a sus posesiones y se convirtió en co-líder de la comunidad, desafiando una vez más las expectativas de su época.
Legado feminista en el siglo XVII
Anna van Schurman no solo fue una erudita excepcional, sino una pionera en la lucha por la igualdad educativa. Su vida demuestra que, incluso en sociedades restrictivas, las mujeres pudieron abrirse paso en el mundo del conocimiento.
En este 8M, su historia nos recuerda que la lucha por la igualdad tiene raíces profundas y que figuras como ella allanaron el camino para los derechos que hoy disfrutamos.
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